sábado, junio 03, 2006

Chop Suey


Chop Suey es un óleo sobre tela de 1929 y que pertenece a una colección particular.
En este enlace podreis ver el cuadro con más precisión, no dejeis de pinchar aquí. Vale la pena.

Será nuestro próximo reto.


Os invitamos de nuevo, a hacer algún comentario a nuestros relatos. Adoramos la crítica y aunque nos enfademos si nos decís algo negativo....no lo vais a notar!

miércoles, mayo 24, 2006

Nighthawks_por Teresa

Todas las noches Sam apoyado en la barra del bar, espera a que le llegue el sueño. En el “Phillies” es donde termina la jornada. Durante el día es la cafetería más concurrida de toda la ciudad. Allí se mezclan ejecutivos, prestamistas y señoras que se pegan a los cristales para ser vistas. Y sin embargo de noche, en el “Phillies” solo quedan restos de los aromas de afeites y algún vaso manchado de carmín. A Sam le gusta ensimismarse con el vaso frío entre las manos. A esas horas el camarero, un chico rubio con acento extranjero, acepta su compañía y de vez en cuando le mira. Como no hay clientela con la que practicar inglés, aprovecha para ir limpiando. “Seguro que en casa le espera un plato caliente”, piensa Sam. Todavía no se acostumbra a la estrechez de la americana, a la rigidez de los zapatos. Prefiere el uniforme de hombre de campo. Poder mirar al cielo sin que se le caiga el sombrero. Y sobre todo la comida humeante y sabrosa. Pero allí sentado y con el traje oscuro ceñido, siente que el éxito llegará. Lo ve reflejado en el vaso, lo siente en la espalda que da a la calle vacía.
Cuando la pareja entró en el bar, se apostaron en la otra esquina, frente al camarero. Sam sólo tuvo ojos para la mujer. En su pueblo pensó:” no se veían mujeres así: guapas, altivas, indiferentes”. Mientras el hombre hacía preguntas al camarero, ella reparó en Sam y éste se replegó en el taburete. Le llegó el frío de la mirada, sintió su desdén, y no pudo evitar estremecerse. Le ocurre lo mismo cuando llama a un timbre tras otro y no consigue una venta. Él, que se trasladó a la ciudad para vivir mejor, trabajar menos y ganar más dinero, anda todo el día estremecido. Y hoy, hasta de noche.
Se queda observándola fijo, mientras el acompañante pregunta al camarero tanto como un policía. Aunque no parece incomodar al rubio que pronuncia la palabra “apuestas” con falsa inocencia. La mujer mira sus uñas rojas. Sam ojea al hombre y piensa “ tendría las de perder con un tipo así, delgado, nariz aguileña y ojos pequeños. Seguro que dispone de un puño rápido.”
Vuelve a ella y en el éxtasis advierte que una sombra le borra la panorámica Unos labios finos le hablan bajito mientras un mentón cuadrado apunta hacia su nariz. Cerca, muy cerca.
Atisba que la mujer está sola.
Le pesa el aliento del hombre al susurrarle tan cerca. Sam se agarra a la barra para distanciarse. El otro saca el arma. La mujer sigue en su sitio. El camarero friega. Sam se desploma.
Por la mañana las pisadas de la clientela no dejarán ni rastro.


Nighthawks_por Enric
Me enterado de que va preguntando a todo el mundo sobre las fotos de Juan Linaza y de Santiago Boro. ¿Le interesan? ¿Que coño quiere saber? No me venga con historias, " la tensión formal", " una propuesta inquietante". ¡Mierda de articulo, mierda de palabras¡ No sabe nada, no saben nada, no quieren saber nada.
Caro que les enseñe, yo era el único que sabia algo de Ansell Adams y del sistema de zonas, pero eso tampoco importa. Claro que dominan la luz, y la sombra y el encuadre y su puta madre. Les enseñe yo, no me ha oído.
Usted esta tan ciego como todos los demás. Tengo la boca muy seca, siempre muy seca, pida otro tequila.
Había que romper, ¡ Abajo la Galería y la Obra y el Autor, y la Academia y la Cátedra¡ ¡ lo que debería ser Arte es la vida¡ Lo gritábamos, lo escribíamos, bueno lo escribía yo, ellos nunca escribieron nada, para qué. Sólo se movían y fotografiaban y …que se yo.
La conozco bien la foto, dedicada a mí, exclusivamente para mí, ejercicio de final de Taller de Fotografía, los muy cabrones. Regalo de despedida y con dedicatoria. Nighthawks, Halcones de la Noche, rodeando a Sara, a mi Sara. La cámara fija, secuencia automática y los dos con sombrero

sábado, mayo 20, 2006

Nighthawks_por Begoña

"Es una puta" pensé mientras les servía los cafés.
Quería a Betty desde siempre, nos conocíamos desde niños, y cuando Betty emigró a America, no tardé ni un año en seguir sus pasos.
Sabía que no tenia nada que hacer con ella. Elizabeth no me quiere como se quiere a un hombre.
Me enfurecía verla entrar en el Phillies cada noche tras la sesión. En realidad, lo que me crispaba era verla siempre con un hombre distinto.
_ Son amigos Darren_ , decía Betty.
Comecuerpos y consumealmas, les llamaba yo.
Esta vez pensé que era distinto. Llevaba una semana viniendo con el mismo tipo. A mi no me gustaba el, tenía un aire oscuro y evitaba conversar.
Pero, ahora no me cabe duda: Es una puta. He visto cómo cogía el fajo de billetes que le ha dado ese cerdo.
Betty trabaja en el Royal Cinema, es acomodadora y aunque su sueldo no es el de una actriz, no debería aceptar dinero de un hombre a menos que éste sea irlandés. Desde luego, el tal Michael, no es irlandés, dice que vive en Salisbury y yo creo que miente mas que habla.
Betty ha dicho que Michael se va mañana. ¡ya!, seguro que se da el piro.
Antes le oí hablar por teléfono, la cabina está pegada al almacén. Hablaba con una mujer. Lo cierto es que no se mostró muy cariñoso, pero era una mujer. Estoy seguro porque oí cómo la llamaba Violet.


Nighthawks_por Beatriz
La señorita Amalia esta incomoda, se mira las uñas casi con desdén. El tipo que la acompaña parece incómodo ante ella Hará un año que empezó a venir los jueves al caer la tarde, pasaron meses hasta que supimos su nombre. En invierno, los jueves por la noche, solos los tres, uno en cada extremo de la barra, formábamos un imaginario, chocante e invisible triángulo. Una de esas noches, al final de Enero, con el estomago vacío, las cuatro o cinco ginebras que tomé se habían incorporado a mi sangre al instante, debí comentar en tono alto el curioso triángulo que formábamos. Ella sonrió delicadamente y comentó algo sobre que los triángulos ocasionales eran los mejores. Anselmo aprovechó la ocasión para preguntarle tímidamente su nombre. Ella dijo con voz suave y firme: -Me llamo Amalia, satisfaré la curiosidad que les adivino, soy la dueña del teatro de enfrente, lo heredé hace dos años. Voy al cine todos los jueves a la última sesión, es una promesa y si no son ustedes incómodos entrometidos continuaré viniendo los jueves a tomar una copa antes de dormir. Por favor una lima con vodka y la cuenta. Seguramente ella ignora hasta que punto su presencia los jueves nos condiciona a Anselmo y a mi el resto de la semana. Durante meses no mantuvimos ninguna conversación, nunca hablamos de ella, ni de nada la verdad. Una fría noche de sábado, Anselmo apagó las luces a la hora que manda la ley Seca, sacó aguardiente y cacahuetes, a las 3 de la mañana abrimos la segunda botella de licor, para entonces habíamos alcanzado un nivel de fraternidad elevado Anselmo, la nombró con tal reverencia en el tono, que al oírle pronunciar su nombre despertó en mi una envidia intima, antigua. -Amalia, es un nombre musical -Es preciosa ¿no crees?. -No te hagas ilusiones. Solo la podemos soñar, una mujer con esa cara y sobre todo con ese nombre,¡ Señorita Amalia!, no se mira a unos mediocres como nosotros Si, algo impertinente el acompañante de la señorita Amalia. Pide otra copa con la exigencia y el mando de un duque; elegiste mal camino con ella amigo. Terminaré de aclarar las copas antes de servirle, seguro que la señorita apreciará el detalle y quiero saber si él se impacienta. Disfruto esta complicidad inocentemente malévola y nunca hablada. Ella viene todos los jueves a la salida de la última sesión del cine. Debe vivir cerca. No cuenta nada de su vida comprendida entre el Domingo y el Jueves a las once. Inesperadamente viene algún viernes. En los dos últimos años no ha dejado de venir ningún Jueves; se sienta junto a los grifos de refrescos, dice que la protegen y arropan por la izquierda, añade que si la ocasión lo requiere, le sirven de espejo para retocarse el maquillaje. Nunca la he visto hacerlo. La señorita Amalia no lleva maquillaje, apenas un toque rojo en los labios, Se acaricia el pelo, y se mira indolente las uñas, el tipo es un pelmazo, aunque a ella no parece molestarle. Si pide otro bourbon le serviré el que destila mi primo en la bodega y a la señorita otra Lima con Vodka suavecito de Vodka. ¡Igual te apuntas 1000 puntos esta noche, Anselmo.! Mil puntos en la cuenta de la nada, del infinito, de la esperanza del soñador. Eres un inope soñador que ama y fantasea lo que solo existe en tu imaginación, eres un selenita atraído por el sol que lo puede calcinar. ¡Ay, Anselmo, eres el camarero del Phillies! -Enseguida le sirvo su bourbon especial, caballero. ¿la señorita tomará algo? -Su Lima, señorita, su bourbón, caballero. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------
No pienso dejarle la casa de la playa a este inútil ocioso, la última vez tuve que cambiar el mobiliario de un dormitorio, de parte de la sala, reponer la ropa de cama y las toallas que “desaparecieron”, por no hablar de la limpieza Le aguanto cinco minutos más con sus morritos de caprichoso ofendido, le doy 100 pavos y le digo que se vaya a cenar, que invito yo, pero que de la casa de la playa nada. Me ha molestado que viniera a la salida del cine, me incomoda que haya venido al Phillies, a mi territorio de sueños de los jueves. Pido una lima e imagino que el interesante hombre del sombrero me invita e intenta cortejarme, me acerco a él y me acomodo en una banqueta próxima a la suya. En mi ensoñación detecto deseo y atracción en su mirada, en su respiración, lascivia en sus ojos; descalzo mi pie y lo introduzco en la pernera de su pantalón, busco el final del calcetín y acaricio su pierna con mi pié. Otros días fantaseo con Anselmo, su calva me atrae de una forma algo animal, me resulta tan varonil, imagino su cuerpo enjuto y con abundante vello, ahhhhh, los sueños. -Bien Jose-Félix, deja de poner morritos, no se como te atreves a pedirme la casa, ni a mirarme a la cara, tener un hermano inútil no entraba en mis planes. De la casa nada de nada, como mucho te doy 100 pavos si te largas inmediatamente a cenar o a lo que sea y tardas un año o más en volver. Anselmo, por favor, una lima con vodka, el caballero no tomará nada, tiene prisa, gracias

domingo, febrero 19, 2006

Nighthawks












Este cuadro, será nuestro siguiente cometido. No es fácil por cuánto se ha escrito y hablado sobre el. Os remito a un estracto del libro "Sister Wendy's American Masterpieces", que podreis leer en el vínculo siguiente:http://www.artchive.com/artchive/H/hopper/nighthwk.jpg.html
Ah! y recordad que si clicais sobre la imagen, podreis verla ampliada.

viernes, febrero 10, 2006

Compartment C, Car 293_por Begoña



¿Es usted Violet Stevenson?, le preguntó el empleado de telégrafos que había llamado a su puerta. "Le traigo un telegrama del Sanatorio mental del condado de Somerset".
Violet asintió con la cabeza, y firmó el recibo cómo una autómata, sonrió al empleado y cerró la puerta. Apoyó su espalda en ella mientras leía: "Lamentamos comunicar fallecimiento de su hermano Robert Douglas, mañana se oficiará funeral en Sanatorio de Crisfield a las 12."
Violet, buscó asiento en una de las sillas del recibidor, mientras todo en su interior buscaba una respuesta en su pasado. Ella no tenía hermanos. Sus padres habían muerto en un accidente cuatro meses antes, y había vivido en Easton con ellos hasta que se casó, hace de eso seis años. Ella no tenía hermanos,se repetía, nadie le había dicho que los tuviese. Entonces: ¿Quién era Robert?. Los recuerdos se agolpaban en su cabeza, desechaba unos, escudriñaba en otros, a un ritmo vertiginoso que acompasaba su corazón, cuando algo la hizo saltar: ¡Bob!, se oía a si misma llamándole cuando era niña: ¡Bob!. Un chico rubio y desgarbado reía con ella mientras jugaban al escondite. No recordaba más. Douglas era su apellido de soltera y parecía lógico pensar que Robert era su hermano. Pero: ¿Por qué sus padres se lo habían ocultado?, ¿Era acaso porque Bob estaba enfermo?.
Iría al funeral, a cumplir con un deber y a recuperar esa parte de su vida, que sus padres, en un ejercicio equivocado de paternidad, le habían negado.
Tomaría el tren hasta Salisbury y allí enlazaría con el que va hasta Crisfield. Calculó que el viaje le llevaría alrededor de cuatro horas.
Michael, su marido, había ido a ver a su familia al sur, ella no le había acompañado, el médico se lo había desaconsejado por su estado, "Un viaje demasiado largo, para un embarazo de tan pocas semanas", había dicho. Estaba embarazada de 15 semanas, iba a ser su primer hijo y los dos lo esperaban con ilusión.
Violet, por un momento pensó, en si Michael aprobaría que ella ahora viajase todo el día, para ir al funeral de un desconocido, aunque éste fuese su hermano.
Las horas que pasó en el Sanatorio fueron reveladoras, inquietantes y sobre todo muy tristes. En Crisfield, descubrió que Robert era apenas un muchacho cuando sus padres le llevaron allí, entonces no sabían qué le pasaba. Se encerraba en la habitación, hablaba con voces que no eran la suya, se negaba a comer porque decía que su madre le envenenaba. El Juez Dolan, les aconsejó que lo encerraran en un sanatorio de otro condado.
"Todos vivirán más tranquilos" les había dicho.
El director del centro le explicó a Violet, que su hermano ingresó allí con motivo de un brote psicótico, que tras dos años de estancia, les dijo a sus padres que podían llevárselo de nuevo, que le iría bien trabajar y estar con su familia, pero al parecer ellos tuvieron miedo o vergüenza o cualquier otro sentimiento inútil que les impidió hacer lo correcto. Mientras el director hablaba, las lágrimas de Violet, corrían por sus mejillas para mojar la tierra bajo la que descansaba su hermano: "Bob", gimió.
De nuevo en el tren, ya de vuelta a casa, sola en el compartimento repasa los documentos que le entregaron en el sanatorio. Le dieron también el diario de su hermano. Lo abrió por el final: "……… hace tres años que no veo a mamá, aunque el enfermero dice que hace solo cuatro meses, por eso me voy a buscarla, atravesaré el túnel que hace el cuchillo…". Lo cerró de golpe, todavía no estaba preparada para leerlo. Violet se acarició el vientre y supo que se llamaría Bob.


Compartment C, car 293 por Enric
Es Mechita, claro que la conocí o creí conocerla. Estuvimos años juntos, en realidad pocos meses, pero años.
Largas cartas y filas de monedas en teléfonos públicos, ( recuerdo el instante en el que el teléfono se tragaba la última moneda).
Hay muchas formas de explicar nuestra historia, la que se me ocurre hoy es que pasé de escribir versos cursis – "… la noche espera fuera vestida de estrellas "- a otros que querían no serlo – " soy un agujero, soy mi muerte en la noche insomne de los ciegos"-. Después ya no escribí más.
Hubo más cosas, muchísimas más cosas pero ya me he contado la historia y la he contado y está bien así.
Supe tiempo antes qué pasaría. Fue cómo esos viajes en que todo tiene sentido y después se te olvida, y recuerdas que tenías respuestas pero no sabes cuales eran. Ni tampoco las preguntas.
En esa ocasión no se me olvidó, y supe que la telaraña que habíamos tejido que nos colocaba ni demasiado cerca ni demasiado lejos, se rompería. Ella la rompería.
Supe qué pasaría pero no como pasaría. En eso me sorprendió.
Me dolió más a mí. Tal vez había fabricado más tela de araña.
Se quién hizo la foto, Santiago Boro. También se como empezó. Santiago mirando por el ojo de la cerradura mientras Mechita se duchaba



Compartment C, Car 293_por Beatriz
No iba a mirar atrás ni un segundo. Afortunadamente el compartimento estaba vacío y pudo sentarse de espaldas al pueblo.
Atardecer de Otoño, seguramente los rojos y anaranjados rayos del sol declinante estaban cayendo por detrás del Puente Viejo.
Recordaría esas bellas puestas de sol esos rojos cálidos, que contrastan con las algodonosas nubes teñidas de gris por el ocaso. Del pueblo solo recordaría sus cielos y la alameda del río en otoño
Los ejercicios espirituales en el convento de clausura le habían sentado tan bien como el luto, tan bien, como le estaba sentando su incipiente y viuda independencia.
Le había atraído la idea de ser viuda desde el día mismo en que se casó, pronto haría dos años. En poco tiempo esa idea se convirtió en imperante necesidad de ser viuda...y libre.
Cuando Anselmo, el rico y rudo terrateniente del pueblo, la esperó aquella tarde a que saliera de la modista y le habló no se fue con rodeos, le dijo que si quería casarse con él al mes siguiente.
Así, sin preámbulos, sin amor, sin conocerse y ella contestó inmediatamente que si.
Él, ya era viudo dos veces. De sus esposas anteriores. una había muerto al avanzar su embarazo y la siguiente en el parto.
Casi le triplicaba la edad y sabía que él buscaba en ella un heredero, una paridora.
El Señor había sido benévolo y durante el primer año no se quedó embarazada.
Al final del verano Anselmo se resfrió, en Octubre dejó de fumar porque respiraba con dificultad y su obsesión por dejarla embarazada tuvo que ceder ante la debilidad física que padecía.
Entonces el Señor le abrió los ojos, una tarde en la finca merendaron con los peones bajo el eucalipto, al atardecer tuvieron que traer al médico, Anselmo se ahogaba.
Se recuperó.
Ella fue haciendo bolsitas de tela que rellenaba con hojas de eucalipto y metía en el armario entre las sabanas para perfumarlas.
Cuando tuvo la certeza que el aroma del eucalipto podía ahogar a Anselmo, dio gracias a Dios y prometió hacer unos ejercicios espirituales en cuanto él falleciera
El domingo preparó una espléndida comida que él regó con abundante vino y remató con dos copas de coñac.
Supo que ese era el momento, él se acostó para la siesta en el sofá y ella puso a hervir agua en todas las cazuelas con un generoso puñado de hojas de eucalipto en cada una.
Cerró todas las puertas de la casa salvo la que comunica la cocina con el salón.
Preparó el pequeño infiernillo eléctrico detrás del sofá a la altura de su cabeza.
Los ronquidos iban siendo cada vez más dificultosos.
Echó dos o tres puñados de hoja de eucalipto más, en la olla más grande y la dejó sobre el infiernillo eléctrico a su máxima potencia.
Anselmo abrió los ojos, se intentó arrancar los botones de la camisa en un esfuerzo desesperado por respirar, enrojecido, con la respiración agitada y los ojos fuera de sus orbitas, al fin se quedó quieto, patéticamente desparramado en el sofá.
Rezó un rosario por su alma mientras transcurría la media hora que asegurase el éxito de su misión.
Abrió puertas y ventanas, tiró las infusiones de hoja de eucalipto por el bater, fregó las cacerolas y el suelo del comedor con abundante lejía, recogió las cacerolas, cerró las ventanas, dejando entreabierto el balcón del comedor.
Se puso el vestido y los zapatos y se fue a misa de 6.
Al salir de misa invitó al cura y a las tres beatas habituales a tomar café con leche y las rosquillas que había hecho esa mañana.
El medico del pueblo dijo que había sufrido una crisis de asma fatal durante la hora de misa.
Tres meses lleva enterrado Anselmo, no hay testamento, ella es la única heredera.
El primer capitulo de su vida finaliza mañana a las 12, cuando firme los últimos papeles que la acrediten como dueña y señora. Tirará estas ropas de viuda provinciana, y el sombrerito, el dichoso sombrerito que le compró Anselmo en Zaragoza
El segundo capitulo empezará comiendo sola en el reservado del Royal.


Compartment C, Car 293_por Teseo
Como cada mañana Irene entro en su pequeño salón, cargada con la bandeja del desayuno, observó el cuadro que la había acompañado desde la infancia. Era, junto con un viejo reloj, recuerdo de su padre muerto prematuramente. A lo largo de los años la había fascinado aquella mujer de rostro oscuro y cabello encendido.Frecuentemente había proyectado en aquella imagen sus propias vivencias, temores y esperanzas. La mujer absorta, centrada en la lectura, ajena a lo que la rodeaba le inspiraba sensaciones diferentes en función de su estado de ánimo. El retazo de paisaje que se podía observar tras la ventanilla del tren era un amanecer o un ocaso. El viaje podía ser un regreso o una huida. El pequeño puente era también un símbolo del acceso a una vida que la joven anhelaba o aborrecía. Con frecuencia se preguntaba por que el pequeño farol sujeto a la pared del tren estaba apagado. Irene suspiró y pensó cuanto la había ayudado aquella pintura, cuantas veces su contemplación le había permitido evadirse de su monótona y anodina vida, pero esta vez lo vio de forma diferente, estaba feliz y esperanzada, la mujer de pelo rojo y labios carmesí viajaba camino del encuentro, del amor, de la felicidad que ambas habían soñado.Cuando Irene sintió los brazos del hombre que la estrechaba por detrás, cuando sus labios rozaron levemente su cuello y musitaron “te adoro”, comprendió que su tren siempre caminaría hacia un futuro fascinante, que la luz que se veía tras la ventana era la de la aurora y que habría muchos, muchos amaneceres como ese,que ya nunca estaría sola. Con cuidado depositó la bandeja, se giró, se enlazo al cuerpo del hombre que la hacía estremecer y se dejó ir, saboreando su felicidad. Fugazmente le pareció ver que los labios de la muchacha del cuadro se curvaban en una leve sonrisa de afecto y complicidad.

jueves, febrero 09, 2006

Compartment C, Car 293_por Teresa


Aún con la música retumbando en mi cabeza busqué el compartimento C, coche 293. El revisor del tren me acompañó a pesar de no llevar equipaje. Tan sólo un libro y el bolso con unos papeles que sobresalían ocupaban mis manos. Me senté y la sonrisa tonta que me había acompañado durante la noche, se quedó colgada en mi cara. Abrí el libreto para distraerme, será la próxima puesta en escena. La obra actual no vale nada. Cuatro canciones y un argumento de pocas palabras, pensado para entretener al poco público, casi todo masculino, que se deja caer por el local. Todos ahogados en alcohol. Circunstancia que les permite sentirse valientes y demostrar lo fieros que son. Se tambalean como si llevaran un fusil y la sala fuera el campo de batalla. Los que no han estado en la guerra para olvidar, y los que han estado por no poder olvidar. Mientras, en el escenario, disfrazada de soldado con poca ropa y mucha pluma, muevo las piernas y el culo al compás de las otras. En otro acto soy la novia del soldado muerto que mira al cielo. Cuando baja el telón y vuelve a subir, soy la 3ª de la 2ª fila saludando al público. Vitorean los civiles, aplauden los excombatientes. Tras la sesión nos invitan a tomar una copa. Ann y yo aceptamos algunas veces. Esta ha sido una de esas. Con los ojos cerrados me emparejé con uno que al verme de negro no me tocó. Debió creer que era viuda de guerra. Lo que no dije es que, "era huérfana, desde hacía un rato". Toda la noche muda pensando en el viaje al pueblo. Copa tras copa se evaporó el miedo y con él se fueron los fantasmas y los sueños. Ann no scondujo atodos hasta el tren. En la Estación Central terminó la fiesta. Los que allí estaban abrían los ojos despertándose a un día de oficina, sin perder de vista al grupo bullicioso que despedía a una mujer de luto riguroso, entre risas. Todavía les veo a todos firmes y en fila, gritando "adiós Nena". Los ojos serios de Ann me dieron mi papel: "Mujer acomodada, entristecida por la muerte de su madre, presenta sus respetos a los mirones del pueblo".
Me despierto a la salida del sol con el libreto entre las manos. Siento el frío de la mañana y el del retorno. Seré de nuevo Elena.
Compartment C, Car 293_por Iliana
Li agradava portar barret, la veritat era que sentia que la protegia una mica de tot, després de tot encara no aconseguia deixar de pensar en el. No va sortir bé, va ser una història molt apassionada i divertida però el volia un altra cosa i ella... El volia a el, però solo per a ella .

Midori llegia com feia sempre per a no pensar, però aquest dilluns era especial havia llegit la carta d'una persona que ella havia estimat molt i és va posar molt trista, com es possible que el seu primer amor s'hagués oblidat d'aquelles tardes... quan arribaven bruts i s'anaven a banyar junts a una bassa que tenia l'aigua freda, molt freda .. les nits rient i maten mosques... Per què ? Després de tant temps solo quedava dolor i tristesa? Ella no podia pensar que tot va ser mentida, " amor de rata, amor de cloaca " és l'última cançó que ella va escoltar de la seva veu.
Eh! Què això no va ser així, Midori recordava, en la seva soledat, que junts van comptar estrelles i algunes d'elles segur que encara estan allí, en aquell cel tan ple, amb aquella llum i va recordar la seva veu, les seves llàgrimes i principalment la seva tendresa.

La seva calidesa sempre, sempre ... durant tota la vida serà inoblidable i més a més l'acompanya en aquest camí que és la vida.

Ara, estava en aquell tren , necessitava llegir i pensar que en qualsevol parada tornaria a trobar-lo, el que va passar en Viena podria tornar a passar, però tenia por i si no era així i si tot va ser mentida i si el ja no l'esperava...

Després es va dormir i en el seu son va recordar el seus petons , i els va enyorar. Però el no la volia i Midori va pensar que tenia que ser así. Pot ser un altra parada , pot ser ?

sábado, enero 28, 2006

Compartment C, Car 293


Esta es nuestra próxima idea.
Teresa, se ha comprado un calendario, con cuadros de Hooper. Este, corresponde a enero. Pretendemos acompasar nuestra creación literaria, a la cadencia mensual del calendario.


Compartment C, Car 293
1938Oleo sobre lienzo
IBM Corporation, Armonk, New York

jueves, enero 26, 2006

Carretera de cuatro carriles_por Teresa


La nubes tienen mil formas cada día. Y pasan. Sam viaja con ellas desde su silla plegable.
La carretera de cuatro carriles, le queda a mano.La ampliación de dos a cuatro es reciente, y sólo el sonido de los coches arrecia el silbido del viento y amortigua los gritos de su mujer. Grita mucho y por nada. Durante el día, Sam ya no la mira. La presiente a su espalda, con la cabeza apretada por los rulos y la boca abierta vomitando las entrañas. Sam la ignora con la mirada puesta en la nube que roza el quitamiedos de la carretera.


Carretera de cuatro carriles_por Beatriz
Había querido pensar que sólo era la crisis de los 40, siempre aseguré que me encontraría preparado cuando llegara El final del verano había sido asfixiante. La absorción de la empresa por una multinacional americana, la reestructuración de plantilla, el cambio de métodos de trabajo. La incertidumbre me carcomía por dentro, y de pronto, me ofrecieron el puesto de Gerente Técnico, el eslabón de la empresa con América. Por supuesto que acepté, sin pensarlo demasiado, era la oportunidad que me ponía la vida delante para triunfar o fracasar. El incremento de trabajo y responsabilidad es considerable, también el sueldo. Al cabo de un año, en este momento, la empresa soy yo. Empecé a pasar mas tiempo en la empresa que en ningún otro sitio, como consecuencia la relación con los empleados se fue haciendo más familiar. La plantilla no es muy amplia pero es bastante htereogenea, tanto en edades, como en tipos de personas. Mi estado anímico era hipomaníaco, vivía en un estado de excitación con gran descarga de adrenalina. Amplié algunas de mis perspectivas, gracias a la relación con mujeres ajenas al entorno familiar, desde una perspectiva laboral. Y ese fue el principio del error. Era una relación paterno-filial, la he visto crecer, es una niña, de hecho por edad yo podría ser su padre. Me justificaba amparándome en su juventud, como si los sentimientos se pudieran detener ante el factor de la diferencia de edad. Incluso lo justifique como una forma de afianzar mi autoestima Después, la emoción de sentirse Pigmalión ¡el placer de ser testigo de la apertura de una flor!. Poco a poco la tela de araña se fue tejiendo sola. La relación se fue estrechando. Las miradas se buscaban, el roce de una mano por azar, provocaba en mi todo tipo de sensaciones que ya creía olvidadas Un gesto, una mirada, un aliento.... me nublaban la razón. Empezamos a vernos a escondidas. Cada vez la exigencia era mayor. Me planteé dejar a mi mujer y mi relación de 17 años con ella, mis hijos, mi ambiente, en fin, romper con todo. He aprendido que el amor es una bomba de relojería que estalla siempre entre las manos, nunca es inofensivo, siempre hace daño y nunca se está inmunizado contra él. Es un enemigo interno, que crece hacia afuera. Provoca una euforia que refuerza la autoestima y actúa solapadamente en el cerebro, como una potente droga. Te sientes “vivo” Percibes sensaciones y emociones casi, casi, extracorpóreas y... cuando te das cuenta estás atrapado en su red fagocitadora. ¿Pero hablamos de amor o de pasión? ¿o de otras cosas? El lunes estallé en el desayuno. No podía más. Le dije a Ana que la dejaba, que me había enamorado, que me perdonará, que la quería mucho a ella y por supuesto a los niños. Ana me conoce. Me conoce muy bien, mejor que yo mismo. Dolida, pero serena, me dijo que pensara bien lo que iba a hacer, que la decisión era mía y que ella la aceptaría pero estaba dispuesta a olvidar este episodio y a perdonarme. La había subestimado, a veces la convivencia nos impide ver a la persona que tenemos al lado. No hizo falta más. Como Ana había esperado, cumplí con mi deber. Ella sabía que lo haría, siempre lo hago, siempre lo he hecho. Por la noche tenía que coger el avión que me llevaba a Montana, el plan era que Ruth se reuniría conmigo el fin de semana y ese sería el principio de nuestra nueva vida. La cité en el despacho al mediodía, ya se que es lo más inadecuado, lo se, quizá por eso lo hice de forma inconsciente. Fríamente, le dije que lo dejábamos, que había valorado que la diferencia de edad era mucha y las barreras de su ambiente cultural y religioso eran muy áridas, era un amor contracorriente, precioso, pero condenado al fracaso. El desconcierto, el dolor y la ira, pasaron por sus ojos segundos antes de que se inundaran de lágrimas, evoqué internamente a Neruda ¡...como no haber amado sus grandes ojos fijos...! No protestó, se guardó su dolor y se fue. Ayer volví de Montana. Sólo. Ana actúa como si nada hubiera sucedido, como si hubiera pasado una goma de borrar o la fregona por los hechos, por mis sentimientos, por mis palabras... En el Pricep Albert de Montana, el hotel en el que me aloje, (sólo, siempre sólo), había una exposición de arte. El pintor, un copista de fama internacional, reproduce obras de pintores notables de distintas épocas. Compré el cuadro en cuanto lo vi, el original es de un tal Hooper y se llama “Carretera de cuatro carriles”. Me emboba mirarlo. Ese cuadro es mi vida plasmada en un cuadro, sentado en el lateral de mi casa, al lado de los surtidores de gasolina, con mi Alma asomada a la ventana llamándome. Contemplo, absorto en la nada, como la vida de los otros discurre fluida y espaciadamente por esos cuatro carriles. Por cierto, he visto a Ruth salir de la mano del nuevo encargado del almacén.

martes, enero 24, 2006

Carretera de cuatro carriles_por Begoña



Alfonso, nunca ha sabido decir no. Ahora en el declive de su vida, cuando ya poco importa y nada tiene remedio fácil, justo ahora, ha caído en la cuenta de que su vida no sería la que es, si él hubiese sabido decir no.
Sentado al sol, tras el almuerzo, repasa esos momentos estelares de su vida, en los que él enmudeció para asentir con la cabeza, lo que el verbo no dictaba. Por eso se largó del pueblo con Vicente; de eso hace ya 52 años. "No te despidas de nadie, ya les escribirás", le había dicho Vicente la mañana de la partida. Y así lo hizo, marchó tras el amigo sin despedirse de nadie, sólo su madre le robó un abrazo al verlo salir con la maleta de cartón, como si el instinto le advirtiera que no volvería a verle.
Pronto se les acabó el combustible que hacía renquear la vieja camioneta. Sin dinero en los bolsillos, Alfonso no supo negarse cuando Vicente le pidió que se quedase a trabajar un par de jornadas en la gasolinera, para pagar el gasoil, mientras él se adelantaba a la ciudad y buscaba trabajo.
Tampoco supo decir que no, cuando una semana mas tarde, el propietario del negocio, el Sr. Pordenone, le rogó que se quedase a trabajar allí, por un sueldo razonable más habitación y comida. Seis meses después dijo "si" ante el altar, por no decir "no" a Josefa Pordenone, que se había quedado preñada durante una noche de tantas, en la vieja cochera, mientras los gemidos de Josefa, ahogaban el silencio de Alfonso. La dicha, resultó tan breve como las conversaciones que mantenía la pareja. Las palabras, se las llevó Donato cuando murió con apenas seis meses de vida.
Ahora, chupa el cigarro con fuerza. El humo penetra en su interior, y las lágrimas pugnan por salir. Apura el último habano de la caja, que le regaló el cubano el mes pasado. Ya no volverá, Josefa le dijo que no volviese y Alfonso no se atrevió a contradecirle. Tendría que esperar seis meses para saber si el cubano, se atrevería a decir que no a Josefa, y volvería a repostar en la vieja gasolinera de la carretera de cuatro carriles, que hasta los años cuarenta, era la única vía que unía los dos estados.
Hasta ahora, pasaba dos veces al año por allí. Casi siempre le dejaba algo, una caja de puros, o una muñeca para Josefa, o libros... Precisamente uno de esos libros, un poema de ese libro, humedece sus ojos cada mañana a la misma hora:
"...Y en el desprecio de su miserable vejez
piensa qué poco gozó de los años
cuando tuvo vigor, y elocuencia, y belleza.
Ha envejecido tanto; lo siente, lo ve.
El tiempo de su juventud, como si hubiera sido ayer,
pasó. Qué velozmente, qué velozmente.
Medita en cómo ahora se ríe de él la Sabiduría;
y cómo fió siempre_ ¡qué locura!_
de esa embustera que le decía: "Mañana. Tienes
mucho tiempo"..."
Una voz estridente, se oye a través de la ventana, interrumpiendo ese momento dolorosamente poético: "Alfonso, apaga ese puro y ven!"


Carretera de cuatro carriles_por Enric

De esa foto hace veinte años, quizás más. La hizo Santiago Boro cuando estuvo en el pueblo recolectando fruta. Me la envió meses después de que se fueran, supongo que para consolarme.
Estaba sentado en esa misma silla cuando los vi llegar. Eran cinco o seis, no lo recuerdo bien, Santiago, Juan Linaza y su hermano Sergio, también estaba Maria la del sombrero, una tal Beite y otros que iban y venían. Todos muy jóvenes, todos muy listos, todos ingenuos como pajaritos y en realidad tontos de capirote, que no tenían ni idea de lo que se les venía encima.
Les habría podido avisar pero no supe. Entonces no me salían las palabras y si me hubieran salido no me habrían creído. Ahora pienso que les podía haber dicho que se protegieran de los OjOs, que todo era apariencia, que escucharan los ríos subterráneos, que este pueblo es un nido de víboras plagado de hijos de puta que les quemarían sus melenas, y que les iban a dar por el culo hasta reventarlos.
Eso si, con sonrisas, como siempre han hecho conmigo. Pero hay que estar atento a todas las señales, el silencio cuando entras en el bar, o el saludo " que tal Angelito como estas". Angelito, no Angel ¿ comprendes?.
No les avise, y se metieron de cabeza en la boca del lobo, felices y hermosos , brillando como nubes, vibrando como a mi me gustaría vibrar. Y así les fue. Les echaron de la casa que les habían dejado cuando las chicas no se quisieron acostar con el jefe de la cooperativa. Solo les dejaron acampar al lado de una granja de cerdos. Les dieron trabajo, si, pero de los peores,. Cargar camiones, arrancar la mala hierba, en la cadena de selección de la fruta.
Santiago y mi hermana se hicieron amantes y ella les acompaño cuando volvieron a la ciudad. Si Santiago volviera a fotografiarme, casi todo seria igual, la luz, el surtidor, mi silla. Sólo faltaría mi hermana en la ventana.

jueves, abril 07, 2005

Carretera de cuatro carriles

Four Lane Road es un óleo sobre tela que Hopper pintó en 1956. También sirve de portada para un libro: "An intimate biography" de Gail Levin.
Aquí podreis leer el primer capítulo del libro: http://www.amazon.com/gp/reader/0520214757/ref=sib_dp_pt/002-8049926-8376056#reader-page
Ya habreis imaginado que nuestro próximo relato se referirá a este cuadro que pertenece a una colección particular.
Todavía tenemos pendiente la publicación del relato de Teresa_ Habitaciones junto al mar que está casi a punto.

jueves, marzo 17, 2005

Habitaciones junto al mar


Habitaciones junto al mar
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Habitaciones junto al mar_por Begoña
¡Nadie me movería de allí! Decidí al recibir la notificación judicial. Había comprado la casa hacía ya muchos años, nada más salir del sanatorio. Invertí en ella lo que saqué con la venta de las acciones que me dejó mi padre; entonces una edificación así no era disputada ni envidiada. Allí, paradójicamente, había vivido al lado del agua durante los años de la sequía en los 50, cuando mi memoria de niña todavía recordaba la Dust Bowl. Ahora el afán especulador de unos pocos, no iba a moverme tan fácilmente. Apenas cuatro casas en 20 kilómetros de costa, el señor Bundy y yo éramos los únicos que quedábamos en Santa María; pero él debía de estar empaquetando en ese momento las últimas reliquias de su entrañable colección que, con los años, había dado paso a un pequeño museo marino: cientos de caracolas, decenas de estrellas de mar poblaban las estanterías, yo misma, en un par de ocasiones, le había regalado algunos ejemplares desconocidos para mi que él no tardo en distinguir. Se trataba de una cornetilla y un caracol de luna al que concedió un lugar privilegiado por encontrarse sólo en aguas profundas.
Ahora, en mi postura favorita, tumbada contra el suelo en el pequeño hall, diviso como tantas veces ese mar sobre el que parece flotar mi casa. Desde esta perspectiva no puedo ver las escaleras y me gusta soñar que sólo podré salir de aquí nadando. Tampoco alcanzo a ver la "Chalonia tritonis" que me regaló el señor Bundy cuando vino ayer a despedirse; se trataba de su pieza mas preciada, demasiado popular a comienzos de los cincuenta, y objeto de un injusto desahucio marino. Tan injusto como el mío propio. La he dejado bajo la ventana sobre el diván rojo. Ahora me escuecen los ojos pero ignoro si la causa es el sol, o la orden de desalojo o la derrota del señor Bundy.

Habitaciones junto al mar_por Teresa

Desde lo sucedido, Marta iba al apartamento todos los fines de semana. No salía de él hasta el domingo. Con más ojeras y con los hombros más caídos, volvía a la ciudad.

¡No entendía como pudo pasar! Quieta, sentada en el viejo sofá escudriñaba las paredes del apartamento, intentaba descubrir huellas en el polvo. El ruido del oleaje la sobresaltaba de vez en cuando. A través del nuevo ventanal veía el mar rugoso. Apoyaba las manos en el cristal y buscaba las de su hijo entre las olas. Su mirada se sumergía hasta que el azul se volvía negro. No había carta. La respuesta flotaba en el aire. Abría la ventana y la brisa soplaba fuerte, llenándola de rabia. Golpeaba la ventana al cerrarla y se tapaba la cara. No quiso cortinas. El sol le hacía cerrar los ojos. Se abandonaba al calor. Siempre tendría un hijo de catorce años. Siempre viviría junto al mar.

Habitaciones junto al mar_por Enric

Viví con mi hermano Juan Linaza cuando lo de la comuna, el piso o lo que fuera, acabó como acabó. Me abrió las puertas de su casa cuando salí del hospital después de la operación y no tenia donde ir.
El había vuelto del ejército un año antes y apenas salía. El mismo día en el que me mude a su casa, me enseñó las fotos que había hecho en ese tiempo. Eran como doscientas fotos de rincones de su piso. Las mire y no me di cuenta de que eran fotos de la misma casa en la que estaba hasta que me lo dijo.
Me cedió la mejor habitación. Recuerdo sobre todo un baúl de cuero negro y una estufa eléctrica circular y que cocinábamos en un hornillo en la galería porque había transformado la cocina en laboratorio.
Viviendo juntos fue cuando empezó a utilizar sus fotografías como lienzos. La de la puerta con el mar fue una de las primeras que hizo. Le dije que era una buena descripción de su casa, una isla que acogía a náufragos, y él se rió y murmuro: "¿estas seguro"?
Al principio lo parecía. Me instale yo, después de unas semanas Pedro, un amigo de Juan que conoció en el ejército y mucho mas tarde Maria.
Pedro era cocinero en un petrolero y estaba embarcado cuatro meses y luego pasaba dos meses en tierra, pago todas las facturas mientras estuvo en la casa. Dormía en el comedor y yo le oía hablar en sueños cada noche, casi siempre repetía la palabra "Dante". Yo lo imaginaba entrando en el infierno, pero no, era el nombre de un hotel donde vivió durante un año.
Fue cuando mas cerca estuve del paraíso. Me dijo.
Y que paso.
Se acabó el dinero.
¿ Tanto cobra un cocinero?
No salió de la cocina.
A Maria la traje yo, una noche que Juan no estaba y que sólo dormimos, o casi. La despertó él estirándole el dedo gordo del pie como solía hacer conmigo. Me despertaron sus risas, Al final se quedo a vivir. Estuvo con Juan todo ese tiempo.
Yo me marché. Podría decir mil cosas, pero lo hice cuando supe que esa casa se hundía, se hundía sin remedio.



Autómata_por Enric


Autómata
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Sin duda es Maria. Su sombrero es inconfundible y ese aire de estar como sin estar que siempre la acompaño, igual que esa sombra en el fondo de su mirada que nadie pudo borrar. De lo que no estoy tan seguro es quien le hizo esa foto. Puede que fuera Santiago Boro y puede que fuera Juan Linaza. Los dos fueron sus amantes, aunque eso no quiera decir nada porque todos lo fuimos en algún momento.
Lo más probable es que la foto la hiciera Santiago. Sobre todo por ese afán que tenia de fotografiar a todas las mujeres que se acostaban con él. Llegaba a extremos difíciles, como una noche de fin de año, en la que se acostó con Laura, a la que apenas conocía, y tuvo tiempo para convencerla de que posara y cuando ella se durmió levantarse a positivar las fotos en el en el laboratorio y enseñárselas a la mañana siguiente.
Bueno, enseñárselas a ella y a casi todos los que amanecimos en esa casa. Era así Santiago Boro, le parecía que ocultar la cara era suficiente protección para la modelo y se sorprendió cuando Laura lo insultó.
Que extraña es la memoria. Si pienso en Laura, lo que más recuerdo son esas fotos, ella de espaldas sentada al borde de la cama, ella boca abajo con una media sonrisa tapada por la sábana. No se nada de laura. A Santiago Boro lo vi. hace un año. Hablamos durante horas pero yo me quede fijado en lo que me dijo cuando se marchaba.
- Mi destino será igual al de un personaje de Italo Calvino que acaba fotografiando fotografías.
No hablo de Laura, ni de Maria y yo tampoco le pregunté.
Estoy convencido que la fotografía la hizo Santiago. Si borráramos a María, podía ser de Juan Linaza, con ese gusto por los espacios, como lo diría, inquietantes, llenos de presagios. Pero está Maria y eso lo cambia todo. Además el proyecto de Santiago nacía como le gustaba recordar de algo que dijo su fotógrafo preferido Robert Frank, " mas verdad y menos arte". Pienso que la verdad de Maria es mucho más esta foto, que miles de retratos entre sabanas.
Maria y yo, apenas estuvimos unos meses juntos cuando nadie lo esperaba. Casi todos creían que habíamos sido amantes mucho antes, pero no era así. Hubiera podido ser pero no . Supe que la sombra en del fondo de su mirada tenia el nombre de un hijo muerto. Yo tampoco pude borrarla.

Autómata_por madrid_49

AliceThose men’s room really stink. Worst than those truckdriver´s motels on route 66. Burbank, south of Chicago, gosh, down and out. Jobless. No future. 80 bucks on my pocket. What am I doing here?I’m not the kind of guy I would go out with. I might hurt her too much. On the other hand, she is quite the way I am. I just met her yesterday, in this same cafee. Poor girl. Nice midwestern farm girl. Too many films. Pregnant from the pump station boy. No help from anyone on the village. Search of a better life in town. How many broken dreams herself too.Terrible room she has. Dump and dirty for a thousand years, though she tried to scrach all the past from the crumbling walls. No photos, just ‘Gone with the Wind’ on the drawers top. Her only coat, her only hat. Contrasting colours, bought in a moment she wanted to express an optimism on life. Though life has not respond to it.24, typist on an office, ‘till yesterday. Weekly pay. Just enough for the room, the bus, and teh take away on the corner chinese. Yesterday night she was trying to forget she had been fired, talking to me, a stranger trying to get warm in this end-of-the-road cafee.Downs and outs warm up together. We spent the night doing so. Half of it with our words, the other half with our skins. I run away early in the daylight, trying not to infringe my mood on her. Looking for a job all day, somewhere I could keep warm and eat. My hand isn’t able to write anymore the way she used to. I shall look for anything on the sidewalk. As long as I take the final decision to quit it all.I’m not the kind of guy I would go out with. I might hurt her too much. Why did I come back to this same caffee? Why has she too? In search of the warmth we share last night? It’s her local, but on me there must be a purpose. She entered while I was at the men’s, at the far end of this long and bare godless coffee room. Two bucks for the coffees if I order one. I rather buy her out something to crunch and eat it upstairs. Another night with her. Sharing our solitudes, sharing no future, sharing nothing..., we haven’t even love left to share. Nothing, just 80 bucks on my pocket, and her noisy pipes. Sharing all w’ve got.





domingo, febrero 27, 2005

Habitaciones junto al mar


Habitaciones junto al mar
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En las librerías podemos encontrar en este momento cuatro obras literarias con" Rooms by the sea" como portada. Cada uno de estos libros, utiliza el cuadro en su provecho, demostrando así­ que las editoriales son capaces de imaginar más y mejor que nosotras mismas, cosa por otra parte que no debe extrañarnos.

El óleo sobre lienzo de 1951 , ondea en la Art Gallery de la Universidad de Yale; los libros que gozan de su portada son la novela Cita en Marruecos de Rodolfo Rabanal, publicado por Seix Barral en Argentina en 1990, el poemario Litoral de Rafael Arráiz Lucca en 1991. En 1997 , Nada es Azul de Aro Sáinz de la Maza y por último Les Locataires de l’été del norteamericano Eric Charles Simons.
Para nosotras no se tratará de la portada de nuestra pequeña obra, sino del corazón de la misma porque éste va a ser nuestro próximo reto y porque lo hemos deformado para fabricar el botón de este blog.

Antes de que finalice Marzo los someteremos a vuestra callada crítica.

viernes, febrero 18, 2005

Autómata_por Teresa


Autómata
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AUTÓMATA

Soy una madre sin hijos. Una mujer sin marido. Una hija sin padres. Soy como ves, una mujer sola. La noche me acompaña siempre. Me levanto cuando en los adoquines de la calle se refleja la luz artificial. El primer café lo tomo aquí­. Espero el tren en este bar vací­o y por un rato juego a ser otra.
Siento la mirada furtiva del camarero y aprieto el abrigo verde a la garganta. Me reconforta su tacto, y el recuerdo de mi madre que lo lucí­a todos los domingos en la iglesia. Camuflada bajo el sombrero me resguardo de posibles miradas. De espaldas al gran ventanal y cerca de la puerta me siento segura de no ser molestada. Cuando el camarero deja el café, me quito el guante que tapa las uñas coloreadas y las escondo tras la taza. Con el primer sorbo quiero que el tiempo se pare y me quedo prendida del sabor amargo, a medio camino de seguir bebiendo. No quiero acabar y que de comienzo el espectáculo de desvestirme y que me miren, de venderme. Me llamo Elena y respondo a Nena, en todos los sitios menos aquí­.

domingo, febrero 13, 2005

Autómata_ por Begoña


Autómata
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AUTÓMATA

Cuando el aceite caliente cayó sobre mi mano, un dolor intenso lo generalizó todo, el escozor parecía vestir los dedos de carne viva, y durante unos segundos me invadió la confusión, abrí las manos, solté bruscamente la sartén y la jarra para aceites usados dentro de la pileta; recordaba haber oído en algún lugar que el agua no era buena para las quemaduras, pero mi piel ardía y me apresuré a abrir el grifo, mientras intentaba hacer memoria: -¿dónde quedó la caja de medicinas?-, el agua corrió dulce por mi piel y entonces comenzó a verse el contorno del desastre, afortunadamente se trataba de la mano izquierda, pero casi todo el dorso y tres dedos, clamaban enrojecidos mientras una luz providencial me recordaba que guardé la caja en los armarios que hay bajo el lavabo, fue precisamente el mismo día que Edward se marchó, hace ya de eso cuatro interminables meses.
El recuerdo de Edward, o mejor aún, el recuerdo del día que Edward abandonó nuestro hogar, volvió a sumirme en la melancolía que parecía haber superado durante la última semana; no lo pensé dos veces, apliqué el poco bálsamo para quemaduras que quedaba, me puse una venda limpia, tomé el sombrero y el abrigo y me lancé a la calle, cogí las llaves en el último momento mientras echaba un vistazo final al desastre que quedaba en la cocina, la pileta estaba al lado de la ventana y en esta ocasión, las luces del puente de Broadway que se ven a lo lejos, me parecieron una ironía vital.
Vivíamos en Albany Street, bueno, ahora vivía yo sola y aunque se trataba de un buen apartamento, todavía no tenía decidido si continuaría allí. Apreté el abrigo en mi garganta y la piel falsa que adornaba el cuello y los puños, me devolvió una tibieza sencilla, el abrigo de lanilla verde que compré el otoño pasado, calentaba lo esperado en las frías noches de Boston. Bajé por Berkeley Street, cuando llegué a Tremont, giré a la derecha y me dirigí al "Boston Eagle", un bar al que había ido algunas veces con Edward, estaba en el 520 al lado del Cyclorama, allí habíamos asistido a un combate de boxeo Edward y yo, y antes de eso, habíamos ido a ver algunas exposiciones, pero el uso del espacio cambió en los últimos años, tanto como mi propia vida en los últimos cuatro meses, y ahora se trataba de un área industrial para el mundo del automóvil.
Me crucé en la puerta con un cliente, el último, porque cuando entré en el local, no había nadie a excepción del camarero, me dirigí a la mesa que solíamos ocupar Edward y yo, como siempre me senté de espaldas al ventanal, no me quité el abrigo ni el sombrero, estrictamente me deshice del guante derecho para acercarme la taza de café, sólo permanecería allí unos minutos, hacía frío dentro y fuera de mi y el pequeño radiador no podía combatirlo, entrecerré los ojos al oír en el gramófono esa apasionada canción argentina, la misma de siempre, la piel de mi cuerpo se erizó, Edward apretaba mi mano, estaba allí y me hacía daño, solté la taza, levanté la vista pero frente a mí no había nadie.
Debía regresar a casa, el guante oprimía mi mano y el dolor de la quemadura jugaba con mi desesperación.